Karina Borodnikoff
El descontento ciudadano frente a diferentes políticas económicas y sociales llevadas adelante por las clases políticas y grupos financieros que digitan el rumbo de las naciones, es un factor común, a diferentes escalas y niveles de impacto, en este mundo globalizado y cada vez más comunicado.
Si bien históricamente cada país ha logrado distintos grados de desarrollo y bienestar, han construido recursos infinitamente variados para afrontar distintas situaciones/crisis socioeconómicas, la actualidad nos presenta un mundo un tanto distinto, reconfigurado, con nuevos actores sociales, nuevas formas de interrelación y un sistema económico que comienza a ser la principal víctima de las políticas económicas a partir de las cuales pretendía el sometimiento silencioso de sus víctimas.
Y… una gran protagonista, aliada popular e inesperada por la clase dirigente. Herramienta socializante cuando se realiza un uso adecuado de ella: la tecnología. El acceso y utilización de esta herramienta, en formato de redes sociales, por la gran mayoría de la población ha permitido la convocatoria de cada vez más marchas y ha encontrado nuevas formas de organización social, para manifestar y expresar descontento.
Nuevas camadas de jóvenes que manejan estos “aparatos” y software con una destreza y eficiencia que cualquier integrante de la vieja clase política lo pondría en clara situación de desventaja a la hora de tener que negociar desde estos nuevos espacios sociales.
Por estas horas, esta desafiante etapa en la que ha entrado la humanidad: la era de la información, del conocimiento, está estallando en su máxima expresión a través de los íconos más representativos de la época, cuyos protagonistas son irrefutables: las redes sociales, las manifestaciones que están teniendo lugar a partir de la convocatoria mediante la utilización de estas nuevas tecnologías, un sistema capitalista que sigue dando muestras de agotamiento y cosechando enemigos globalizados y cada vez más comunicados, una clase política que poco tiene de dirigente y cuya agenda está cada vez más supeditada a los caprichos del poder financiero y a los popes de las multinacionales.
La síntesis más contundente y exponencial que en este momento ocupa el ámbito de las noticias, en todo el Planeta, es la presencia de los “nuevos indignados”, adjudicándose un respetable mandato social cuya leyenda es bien clara: “Occupy Wall Street”.
La convocatoria está teniendo lugar en coordenadas que durante tantísimos años han sido el epicentro que denota la hegemonía de un sistema: Wall Street, Manhattan, New York (capital económica del mundo) y, con cita para el sábado próximo, Washington (corazón político del Globo).
Están corriendo tiempos en que la toma de decisiones ya no podrá seguir postergando a la gente y deberá, definitivamente, dejar de ser funcional a un sistema económico que beneficia a cada vez menos…síntoma que se está evidenciando muy claramente en las sociedades (todas), hartas, cansadas e intransigentes para llevar adelante cualquier negociación que siga alimentando un sistema que sólo pretende trabajar para Wall Street y sus bolsas mellizas en los distintos puntos neurálgicos económicos del mundo.