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“Desde las junglas de Vietnam hasta las montañas de Afganistán”

“Desde las junglas de Vietnam hasta las montañas de Afganistán”

Karina Borodnikoff

Pocas días atrás, el presidente Barack Obama se hacía presente en el cementerio de Arlington, Virginia, lugar donde descansan los restos de 300 mil soldados que perdieron sus vidas en combate, para conmemorar el Día de los Caídos.

A 50 años de la Guerra de Vietnam, la concepción histórica de recurrir a soluciones bélicas frente a los distintos conflictos de los Estados Unidos aparece con menos fuerza en el discurso de Obama, quien, en un acto de homenaje a los ya caídos, pretende instalar la idea de que este país debería apelar a otros tantos recursos antes de volver a entrar en guerra.

“Desde las junglas de Vietnam hasta las montañas de Afganistán, ellos dieron un paso adelante y respondieron a la llamada de su país”, manifestó en una declaración que pretendió reconocimiento a los combatientes, pero dejó en claro que la guerra no debe ser la primera opción.

“Por primera vez en nueve años los americanos no están luchando y muriendo en Irak”, enfatizó el presidente logrando el inmediato aplauso de quienes se hallaban presentes en el lugar, entre veteranos de la Segunda Guerra Mundial y otros conflictos bélicos.

Siguiendo una homogénea línea discursiva, incorporó el “tema Afganistán” a modo de darle énfasis a sus convicciones ideológicas: “Nuestras tropas van a seguir regresando a casa. Puedo prometer que no las volveré a mandar al extranjero salvo que sea absolutamente necesario y con una misión clara que cuente con el apoyo de toda la nación”, expresó, con visible aprobación de los presentes.

Más allá de la postura ideológica del presidente de Estados Unidos, la cual ha sido sostenida con anterioridad al cargo que ocupa, adquiere su forma definitiva en el marco nacional de la campaña electoral. Es en este contexto, con vistas a las elecciones presidenciales, es que los actos de los políticos (cualquiera de ellos) adquieren forma final y real.

Dos días atrás, se dieron a conocer los resultados obtenidos  en una encuesta realizada por la consultora Gallup, que se realizó entre veteranos de guerra, sector de la población a tener en cuenta por los que pretenden sumar votos en los próximos meses. Si tomamos seriamente la información aportada por esta empresa, la realidad indicaría que el 58 % de este sector está dispuesto a darle su apoyo al candidato republicano, Mitt Romney, en los comicios de noviembre. Solo un 34 % votaría al actual presidente.

Cabe destacar que Obama llegó al poder sin el apoyo de los ex combatientes, quienes en 2008 dieron su confianza al entonces candidato republicano John McCain, claramente beneficiado por los votos cautivos desde de su historial de piloto de la Marina que pasó cinco prisionero en Vietnam.

Estratégico, Romney conmemoró el Día de los Caídos junto a McCain en San Diego, lugar que alberga a un gran número de veteranos de guerra. Pretendió transmitir su valoración frente a los actos de guerra y el sacrificio de los soldados: “Vamos a mantener a América fuerte y merecedora del gran sacrificio que han hecho por ella los veteranos y los jóvenes que cada día se juegan su vida por nosotros”, aseguró. Palabras que dejan afuera  el punto clave en un acto político: carecen de indicaciones precisas que describan o dejen, al menos, entrever de qué manera se mantendrá a Norteamérica unida.

En este sector de la población tan sensible y muchas veces postergado, el candidato republicano deposita parte de su estrategia electoral. Ve un punto débil en la administración demócrata, lo pone de manifiesto e intenta convertirlo en su aliado. El desempleo y la falta de indemnizaciones para los soldados que regresan de las guerras de Irak y Afganistán son asuntos presentados como grandes falencias y temas que no debieron ser postergados por Obama.

Es cierto que estos soldados merecen y deben recibir una respuesta inmediata por parte de las autoridades que compensen (si es que es humanamente posible) el trauma posbélico que estos hombres sufren.

Sin embargo, resulta un punto clave en los discursos políticos que intenten dar muestras de preocupación por el futuro  de los Estados Unidos, destacar el hecho de que optar por soluciones bélicas y, sobre todo, en los casos de Irak  y Afganistán, han sido condenas a muerte ejecutadas por las decisiones políticas del ex presidente Bush. Estas, fueron llevadas adelante en un contexto confuso y que muchas veces dejaron expuesto al ex presidente republicano a humillaciones irreparables frente a su ineficiente gestión en materia bélica y de relaciones internacionales.

El verdadero enemigo de los pueblos y de los soldados son las guerras y sus cómplices: quienes optan por este camino sin agotar todos los recursos para mantener la paz.

 

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Un ‘Memorial Day’ cargado de recuerdos

Un ‘Memorial Day’ cargado de recuerdos

El Memorial Day es su día, el de los veteranos de guerra estadounidenses, y este año todavía más: la Casa Blanca inicia nuevos homenajes a los combatientes en la Guerra de Vietnam, coincide con el reciente repliegue de las tropas de Irak y se celebra con la mirada puesta en la próxima retirada de Afganistán.

La ceremonia conocida como "Flags In" se realiza para conmemorar y rendir homenaje al personal militar estadounidense ubicando una bandera estadounidense en cada una de las más de 220.000 tumbas en este cementerio con miras a la celebración del 28 de mayo del Memorial Day.

Damiás Bonmati

En 2012 el “Memorial Day” intensificará su esencia militar. Y los homenajeados, los veteranos de guerra, dicen asumir las dos caras de esta festividad estadounidense: el tributo a su labor, pero también el latido de las cicatrices de la trinchera. “Queremos más ayuda específica en vez de galones amarillos”, pide un veterano de la guerra de Afganistán.

De los treinta compañeros que Jim Wilson tuvo en clase en 2004 en la academia militar, 14 han muerto en las guerras de Iraq y Afganistán.

“Es la mayor cifra de muertos en una clase de aquella época”, subraya este veterano de la guerra de Iraq, de tan solo 30 años. No esquiva la macabra estadística y admite que el último lunes de mayo, durante el Día de los Caídos (Memorial Day), la sentirá latir con fuerza.

“Será el día del dolor, de la soledad y del sufrimiento. De pensar en muchos de nuestros compañeros de clase que nos han dejado”, cuenta Jim. De pensar en Jeffrey, el que fue su mejor amigo y que murió en 2005 en Iraq, y en Jason, con quien compartió piso y también cayó en Oriente Medio.

Es una de las dos caras del ‘Memorial Day’: la de honrar a las bajas del ejército estadounidense; a los caídos, que se dice en las casernas. La otra cara de la festividad, menos presente en los discursos y en las placas de mármol, es la de explorar los porqués y los después. También menos presente en las palabras de Jim Wilson.

Nacido en el apartado estado de Wisconsin (al norte del país), este treintañero ya es veterano de guerra. Hizo trabajos militares un año en Corea, actividad humanitaria en un desastre natural en Pakistán y fue oficial en Iraq. Lo fue en Iraq entre 2006 y 2007, durante quince meses que dicen haberle marcado profundamente y, sobre todo, haberle intensificado su confianza por lo que son y lo que buscan ser las Fuerzas Armadas de EEUU.

PRIMER AÑO FUERA DE IRAQ

El de este año será el primer Día de los Caídos sin soldados estadounidenses en Iraq. Y él está convencido de que fue testigo de cómo la labor militar cambió un país. Asegura haber aterrizado en 2006 en una zona en una creciente espiral de  violencia interna y haber vuelto a casa en 2007 dejando atr·s un estado mejorado. “Creo que la verdadera razón del cambio de situación fue que los iraquíes habían decidido que no les gustaba lo que estaban viviendo y lo cambiaron”.

“Y lo que hicimos las tropas estadounidenses fue facilitar eso, conseguimos cambios intangibles en el país” . Wilson, con su confianza en la institución militar, ha dedicado los tres últimos años a enseñar en California a jóvenes que aspiran a ser oficiales del ejército.

Jim Wilson es, sin embargo, más crítico con la vida estadounidense que no lleva uniformes ni galones.  “Lo frustrante es que la gente no piense en nosotros -alega-, que piense más en ir a comprar que en los esfuerzos hechos por los voluntarios”.

Él, que luce brazaletes metálicos en memoria de sus amigos muertos, pide reconocimientos “puros y auténticos” durante el Día de los Caídos. Y hace dos peticiones: más atenciones para los veteranos que arrastran secuelas físicas y mentales, y más iniciativas para que puedan dar el salto a la vida civil. Eso también es el Día de los Caídos, de hecho, su cara B.

Sigue en las Fuerzas Armadas, pero es veterano de la guerra de Afganistán: James W. Bass cree que “la mayoría de estadounidenses persisten desconectados de la realidad del Ejército” y pide que dediquen la festividad a los caídos para “escuchar y pensar en los combatientes”.

Escuchar, por ejemplo, que en la comunidad de veteranos -de veteranos que no superan los cuarenta- persisten elevadas tasas de paro, se requieren programas de formación específico y  se demanda mayor atención sanitaria para sus cicatrices. Las que se ven y las que no tanto: muchos divorcios, conflictos familiares y numerosos suicidios.

“Podemos empezar a promover un apoyo a los veteranos de forma concreta, con ayuda específica en vez de con galones amarillos”, reprocha Bass, nacido en Maine y que a sus 33 años vive en el área de la capital del país, Washington.

En paralelo a la progresiva retirada de Afganistán anunciada por la Administración Obama, este Día de los Caídos será para James el primero tras su vuelta del país en conflicto. Lo vive con emocion: “En esta época el año pasado estaba en Afganistán y será muy bonito celebrar estar de nuevo en casa y pasar el día junto a mi mujer”.

ACTIVIDAD EN LAS CASAS Y EN LOS CEMENTERIOS

Explica que el Día de los Caídos ha cambiado con los años. Ha pasado de ser el día para las víctimas anónimas y los veteranos ancianos –y con bastón-; a ser el día para las historias personales y los veteranos jóvenes -y con bastón a veces también.

“Han vuelto muchos veteranos de Iraq y de Afganistán, que son jóvenes pero al mismo tiempo son veteranos y están conectados con el Día delos Caídos”, relata. Cree que la festividad se siente en las casas y no sólo en los cementerios.

Uno de los epicentros ha sido y sigue siendo el cementerio nacional de Arlington, Virginia, a un puente de la capital, Washington, y a escasos metros del Pentágono, el auténtico cerebro de la política militar estadounidense. Durante la  jornada del Memorial Day se abarrota de gente que visita este impresionante cementerio de 253 hectáreas, 400.000 tumbas y el monumento al Soldado Desconocido.

Muchos de los que viajan a Washington y al cementerio son motoristas y veteranos de guerra que hacen rugir la capital del país con el tradicional desfile de “Harley-Davidson”. El “Rolling Thunder” (Trueno sobre ruedas) es su forma de recordar a los caídos en combate y a todos que debieron defender el país como soldados.

Menos patriótico y ruidoso será el jubilado Patrick McCann. Aunque se presenta como veterano de la guerra de Vietnam, no llegó ni a serlo.

Su padre luchó allí, su hermano luchó allí, pero el Patrick de 19 años, que era entonces un voluntario  entrando para combatir en Vietnam, cambió repentinamente de idea. Recuerda  que una manifestación pacífica de afroamericanos en Chicago le hizo cambiar de opinión.

“Cambié mi opinión sobre la guerra de Vietnam, primero; y sobre la guerra en general, después”, relata este anciano crítico con su pais. Dice que Estados Unidos tiene “una economía que es adicta a la guerra y sólo puede hacer negocios a partir de lo que genera la guerra”. Esto es lo que está pasando en América, sentencia McCann. “La gente joven, y la gente pobre, y la gente de color está luchando y muriendo por estos principios”. Por ello, quiere un Memorial Day que piense menos en los caídos que ha habido y más en los caídos por haber.

“Tendríamos que rendir homenaje a la gente que ha perdido su vida, pero también debería ser un día para pedir poner fin a la guerra”, justifica. Por ello, celebrará con otros veteranos el Día de los Caídos en una iglesia, con una proyección de un documental sobre cinco soldados de diferentes países que “acabaron matando gente”.

“Muestra por qué alguna gente entró en el ejército siendo joven y estúpido, y acabó matando gente inocente”, concluye este jubilado.

El padre de Patrick McCann nunca dejó de defender a las Fuerzas Armadas; su hermano, que se emparejó con una vietnamita, tampoco. Jim Wilson, el oficial en Iraq nacido en Winconsin, siempre estará agradecido al profesor de instituto que lo convenció de entrar en la academia militar. Y la mujer de James Bass, el veterano de Afganistán, sigue quejándose porque su marido se desvela por las noches desde que volvió de la guerra.

Esas también son las personas y las historias del Día de los Caídos en Estados Unidos. Los relatos que no cuentan las inscripciones sobre mármol y las cicatrices que las medallas no tapan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Miami Beach recibirá a 300.000 personas el fin de semana a ritmo de hip hop

Miami Beach recibirá a 300.000 personas el fin de semana a ritmo de hip hop

Antoni Belchi

Miami Beach se ha organizado para recibir este fin de semana, más largo de lo normal por la celebración el lunes del Memorial Day (Día de los caídos), a las más de 300.000 personas esperadas en el festival urbano de hip-hop, que otros años ha degenerado en altercados.

Miami.- Miami Beach se ha organizado para recibir este fin de semana, más largo de lo normal por la celebración el lunes del Memorial Day (Día de los caídos), a las más de 300.000 personas esperadas en el festival urbano de hip-hop, que otros años ha degenerado en altercados.

Las autoridades de la isla más famosa del sur de Florida desplegaron hoy un dispositivo especial de seguridad para este Memorial Weekend, que en años anteriores ha sido escenario de graves altercados.

Al calor de este festival, que no está organizado por entidad promotora alguna, sino que consiste más en la tradición espontánea de acudir en masa a Miami Beach a ritmo de hip-hop, llega gente de todo el país, lo que duplica la población respecto a un fin de semana habitual.

En 2001 la gran afluencia de gente, en gran parte afroamericana, a lo que ha sido bautizado como “Black Beach Weekend” o “Urban Fest”, pilló desprevenidas a las autoridades y se generó el caos en la zona, con tiroteos, peleas y otros altercados.

Desde entonces, año tras año, las autoridades se debaten sobre cómo afrontar este fenómeno, que desata las iras de muchos residentes y negocios locales, pero que también genera muchos ingresos.

La gente se amontona en las calles más populares para ver pasar llamativos vehículos cargando equipos de música, televisores en los maleteros abiertos y chicas bailando en los descapotables, en lo que se ha convertido en un espectáculo que se calcula que sólo en impuestos por la venta de productos deja cerca de un millón de dólares (798.286 euros).

“Esa cantidad de personas en una área tan pequeña crea para nosotros una preocupación y tenemos que asegurarnos de que estamos preparados para manejar el tráfico, los movimientos de los peatones, y más que nada, la seguridad de los visitantes y los residentes”, dijo Hilda Fernández, subadministradora de la ciudad de Miami Beach.

Los cerca de 500 agentes desplegados controlarán que los visitantes no porten armas ni bebidas alcohólicas por la calle para evitar altercados como el que se produjo el año pasado, en el que murió una persona en un tiroteo policial a altas horas de la madrugada.

El hombre, que según la policía iba armado en un vehículo, fue rodeado por once agentes, que dispararon contra él más de cien balas. Cuatro personas más que estaban alrededor resultaron heridas en una escena que, grabada por aficionados, dio la vuelta al mundo. Esta semana parte de los heridos han demandado a las autoridades.

“Estamos muy preocupados para que no vuelva a pasar”, reconoció a Efe Enrique Doce, portavoz y capitán de la Policía de Miami Beach.

Doce detalló que este año se instalará un dispositivo especial para controlar todos los vehículos que entren a la isla durante este fin de semana. Se trata de un novedoso mecanismo que detecta todas las matrículas para verificar si el coche ha sido robado.

Pese a todo, el Ayuntamiento y la Policía de Miami Beach quieren enviar un mensaje tranquilizador a los turistas y vecinos que se queden en la zona durante el fin de semana, en el que se calcula que habrá en torno a 2.000 detenidos.

Durante las horas de más afluencia, la tarde y la noche, unos 500 agentes de policía se distribuirán por Miami Beach, se habilitarán helicópteros de vigilancia y puntos de control de alcoholemia, y cientos de voluntarios colaborarán también en tratar de mantener la paz en las calles.

“El problema es que la ciudad de Miami Beach sólo tiene 372 agentes, y no es suficiente, así que tenemos que pedir ayuda a otras agencias para que vengan”, explicó Doce.

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