Raquel Godos

Los programas de becas del Instituto del Caucus Hispano les permitirán desarrollar sus conocimientos técnicos y políticos en las áreas que más les apasionan y aportar su experiencia como inmigrantes o hijos de ellos.
Son jóvenes hispanos formados en el Congressional Hispanic Caucus Institute (CHCI), una organización sin fines de lucro ni afiliación política que ofrece programas de desarrollo de liderazgo y educación a estudiantes y líderes jóvenes en desarrollo. Nos cuentan su experiencia.
Varias décadas separan la llegada de sus padres a Estados Unidos de su trabajo actual, pero hoy el esfuerzo que aquellos hicieron se ve recompensado al comprobar que sus hijos trabajan codo con codo con congresistas y senadores en el Capitolio.
Irisol, Tomás y Gisela son una muestra de que los jóvenes hispanos pueden tener un futuro prometedor. Los tres son hispanos y estadounidenses. Los tres hablan español, pero entre ellos no pueden evitar comunicarse en inglés. El color de su piel y sus rasgos les delatan, pero su acento no podría ser más norteamericano.
Los programas de becas del Instituto del Caucus Hispano les permitirán desarrollar sus conocimientos técnicos y políticos en las áreas que más les apasionan y aportar su experiencia como inmigrantes o hijos de ellos.
IRISOL GONZÁLEZ
Irisol González tiene veintiún años y sueña con dedicarse a la política migratoria. Cuando solo tenía diez, sus padres decidieron emigrar de Costa Rica en busca de una vida mejor y se asentaron en una pequeña localidad de Carolina del Norte.
“El primer año lo pasé muy mal, sólo sabía los números del uno al doce en inglés y quería regresar a Costa Rica. Pero en cuanto aprendí el idioma todo empezó a cambiar y me di cuenta de que podría lograr las cosas que me propusiera a base de esfuerzo”, relata Irisol González.
Ya desde pequeña sintió la necesidad de hacer ver a sus compañeros de clase que ni ella ni el resto de niños hispanos que estaban en las aulas eran tan diferentes: tenían los mismo derechos que el resto.
Por eso siempre ha querido dedicarse a la política y apoyar a los inmigrantes latinoamericanos que deciden cambiar su vida en su país de origen por una apuesta más o menos incierta en Estados Unidos.
Irisol tiene dos hermanos mayores que lograron abrir sus propias empresas y que son ejemplo de que “el que quiere, puede”, dice, mientras insiste en que tiene que compensar con su esfuerzo el que en su día hicieron sus padres por ella.
“Mi familia no es muy adinerada, pero a través de las becas que te ofrece el gobierno federal puedes lograr muchas cosas acá. Necesitas papeles y hablar inglés, esos son los dos grandes obstáculos”, agrega.
Ahora trabaja para el senador demócrata por Virginia Mark Warner y, aunque no sabe cuál será el próximo paso en su carrera, no descarta poder llegar a ser congresista: “nunca se sabe”.
TOMÁS ROBLES
Tomás Robles nació en Phoenix, Arizona, hace veintinueve años, pero sus padres son mexicanos y aunque viven desde hace tres décadas en Estados Unidos no quieren que se deje de hablar español en su casa.
“México es mi cultura, pero mi país es Estados Unidos. Esta es mi casa”, explica Tomás.
Poco después de terminar sus estudios en Ingeniería ocurrieron los atentados del 11 de septiembre de 2001. Tomás sintió que debía servir a su país, así que se alistó en la Infantería de Marina, donde llegó a ser sargento.
Tras seis años de servicio para “defender la patria”, este joven de origen mexicano cambió el rumbo y emprendió sus estudios en política migratoria e historia hispana en Estados Unidos, con la esperanza de poder llegar a redactar leyes que le hagan la vida más fácil a personas que, como él, tienen un rostro distinto.
“La cosa está muy fea tras la ley de inmigración que el año pasado entró en vigor en Arizona, la SB1070, sobre todo para los hispanos. Y me gustaría volver allá y trabajar en ello, para ayudar a hacer leyes allá como oficial político”, relata Tomás.
Como ejemplo de la discriminación que una vez pudo sentir, Tomás relata que una vez se averió el auto de su familia en la carretera y vieron que un policía se acercaba; en vez de ayudarles, los registró para ver si llevaban droga.
Ahora, gracias a las becas del Caucus Hispano, trabaja en la oficina del senador Raúl Grijalva, de Arizona.
GISELA ARIZA
Para los padres de Gisela Ariza emigrar a Estados Unidos no fue una opción: su país, Guatemala, sufría una sangrienta guerra civil en los años ochenta que ponía en riesgo sus vidas.
Ella y su hermana nacieron en Los Ángeles, y desde los diecisiete años tuvo claro que iría a la universidad, el sueño que su padre no pudo lograr.
“Era activista en su comunidad y el gobierno guatemalteco lo tenía en una lista negra. Él iba a empezar la universidad (en Guatemala) y venir acá para tomar cualquier trabajo fue muy duro para él”, cuenta Gisela.
Su madre comenzó trabajando para una fábrica pero desde que Gisela recuerda ha estado limpiando casas para pagar los estudios de sus hijas.
Amante de la poesía, su padre ve en ella lo que él no pudo lograr en su juventud. Ese amor por la educación y el aprendizaje caló profundamente en ella.
“Mi papá siempre estuvo muy involucrado con las tareas, esa era nuestra única obligación, estudiar. No podíamos salir a cualquier hora, para ver televisión teníamos horas concretas, y creo que fue esa mano estricta la que me ha hecho llegar hasta aquí”, confiesa.
Gisela estará nueve meses en Washington para trabajar en materia de educación con congresistas o senadores y, además, tiene la opcion de colaborar también con el Departamento de Educación.
Cuando recuerda su infancia, revive las dificultades de ser “la primera generación” de su familia nacida en Estados Unidos y sentirse aislada en las aulas por ser la única estudiante de color.
“Sufrí un caos de identidad y yo sola tuve que encontrar cómo solucionarlo y buscar quién era. No sabía cómo relacionarme con mis compañeros y al llegar a casa pensaba que ellos no hacían lo mismo que yo al llegar. Me sentía como si tuviera doble identidad”, cuenta.
Al igual que Gisela, millones de hispanos se enfrentan todos los días a los fantasmas de la discriminación social, pero ellos mismos van abriendo camino a las nuevas generaciones, y quieren continuar haciéndolo.
Ni ella, ni Tomás ni Irisola saben qué va a ser de su futuro, pero utilizan palabras comunes como sueño, inmigración, educación, esfuerzo y cambio. Son la prueba de que para los hispanos el sueño americano es posible.




