Reforma Sanitaria
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El Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha decidido que la reforma sanitaria, impulsada por el presidente Barack Obama, es constitucional.
El Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha decidido que la reforma sanitaria, impulsada por el presidente Barack Obama, es constitucional.
En plena campaña electoral, los demócratas reciben una noticia que puede darle trascendencia histórica al mandato de su principal representante y que beneficia a millones de personas que no se encuentran en condiciones económicas de afrontar una cobertura de salud.
El presidente Obama, tan solo dos horas más tarde de conocerse el fallo del Tribunal, manifestó públicamente la importancia de esta situación expresando que: “Más allá de posturas políticas, la decisión de hoy supone una victoria para los habitantes de este país”. Inmediatamente, recordó que hay 30 millones de ciudadanos que todavía carecen de seguro médico. Luego enumeró las ventajas que implica llevar adelante esta reforma.
Por supuesto, la mirada (furiosa) republicana no tardó en expresarse. Los más conservadores, fieles a su estilo, se mostraron indignados y en contra de esta medida. La socialización del sistema de salud parece enfermar a cierto sector de la clase política, no sólo porque consideran que no es prioritario que todo ciudadano tenga acceso (y menos gratuito) a una medicina digna, sino que lo que peor les cae es que esto suceda en plena campaña electoral.
Las prioridades de estos políticos que gobiernan para sí mismos son sus ambiciones de poder y mando.
Mitt Romney, candidato presidencial republicano, sin perder un segundo salió al cruce de esta medida y pretendiendo darle un matiz de tragedia (tan inverosímil como contradictorio frente a una decisión digna de ser celebrada) llamó a recuperar la Casa Blanca. Como si, de alguna manera, esta hubiera sido usurpada por minorías poco deseables que están haciendo de Estados Unidos un país menos digno.
El republicano en carrera para la presidencia se mostró “espantado” por la decisión (tan acertada a nivel social y que le permite a tanta gente la posibilidad de una vida más digna) y expresó que esta sentencia hace más necesario que nunca que su partido recupere la Casa Blanca. Acto seguido, prometió derogar la ley el primer día que se encuentre allí. “Nuestra misión está clara: si queremos reemplazar la reforma sanitaria de Obama, tenemos que reemplazar al presidente Obama”, dijo (sin ponerse colorado).
Resulta gratamente sorpresivo que este Tribunal llegue a este veredicto, ya que está constituido por mayoría conservadora. Sin embargo, contradiciendo todos los pronósticos se decidió a favor de una ley que ha sido eje de tantísimos debates políticos y motivos de enfrentamientos irreconciliables. Desde sus comienzos, en 2009, ha sido muy controvertida. Tal vez, alguno de estos puntos más cuestionados tenga que ver con la obligatoriedad para los ciudadanos de suscribir un seguro de salud y la extensión de los beneficios sanitarios para toda la población.
Las reacciones han sido diversas. El clima de enfrentamiento no se hizo esperar y todos los políticos expusieron sus posturas. Muchos han estado altamente influenciados por el momento crucial que significa un año electoral, en donde los movimientos y acciones son monitoreados desde muy cerca por parte de la población.
Por su parte, Nancy Pelosi, líder de los demócratas en la Cámara de Representantes, fue una de las personalidades políticas que más dio batalla en el Capitolio para lograr esta ley. Manifestó haber celebrado la victoria junto a sus compañeros congresistas y recordó a Edward Kennedy y su lucha por modificar el sistema de salud de su país.
Sin embargo, los oponentes políticos del gobierno se mostraron aterrados frente a una medida de tal magnitud y tan beneficiosa para personas desamparadas y libradas a su suerte durante tanto tiempo.
John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes, apeló a la urgencia de que los republicanos obtengan en noviembre la mayoría parlamentaria. De esta manera, tendrán en sus manos la posibilidad de derogar la reforma.
Sarah Palin, con su habitual postura cuasi impresentable calificó la medida como “la muerte de la libertad”. Poco que agregar a esta expresión, por lo menos, incoherente.
Resulta penoso que los republicanos no muestren su descontento y oposición desde la crítica constructiva. No han ofrecido alternativas viables, ni admitido el avance que claramente significa para los ciudadanos la aprobación de la reforma del sistema de salud. Las expresiones que han tenido con respecto al tema han sido de rechazo sistemático y responden al miedo de perder parte del electorado en las próximas elecciones. No es casual que el factor común de los discursos del republicanismo tenga que ver con poner en claro que la única forma de “salvar al pueblo es desde el ejercicio del gobierno”. Sus prioridades nada tienen que ver con las necesidades inmediatas del pueblo que se supone que representan.




