Esperanza francesa: se prioriza la justicia social y la tolerancia

Karina Borodnikoff

Los ciudadanos decidieron que Francia debe estar al mando de un líder socialista por lo que procedieron a darle salida a la derecha, esto es: a Nicolas Sarkozy y su fracaso político. Con el apoyo popular que se vio reflejado en el 81.5 % de participación, François Hollande, de 57 años, se impuso con el 51,62 % de los votos frente a su rival de segunda vuelta que logró el 48,38%.

Apenas 20 minutos más tarde de conocidos los primeros resultados, inevitables, Sarkozy asumió públicamente su derrota y, con una gestualidad anémica y amnésica de todas aquellas técnicas modernas que enseñan los asesores de imagen para simular estados de ánimo, se mostró vencido y expresó que no ha logrado “convencer a la mayoría”. Se atribuyó la influencia sobre “el buen comportamiento” de sus seguidores pidiéndoles que respeten a Hollande. Sugerencia que pone en un lugar, por lo menos incómodo, a su electorado expresando que necesitan su instrucción para comportarse como adultos civilizados y respetar la democracia. Cierre de una gestión truncada, con el último desacierto.

Tras 17 años de poder conservador, Francia intenta otro rumbo, otra ideología, otorgándole el mando a políticas de izquierda que puedan dimensionar el estado de crisis y apelar a medidas que prioricen al pueblo por sobre los números. Políticas que comprendan la importancia de tratar a la economía como una ciencia funcional a las personas y no en el sentido contrario, postura dominante de los últimos años.

La responsabilidad y esperanza han sido depositadas en Hollande, quien desde la plaza de la catedral de Tulle, pueblo en el cual se desempeña como alcalde, emitió un discurso inaugural de esta nueva etapa de Francia. Aseguró, saludo mediante al presidente saliente, que: “el cambio tiene que estar a la altura de Francia”, se comprometió a llevar adelante la “ejemplaridad institucional”, y hasta se permitió cierta lírica discursiva invitando a su pueblo a “sobrevolar las estrellas” y caminar juntos hacia “el sueño francés del progreso”.

Con un tono más serio, dejó en claro que “la austeridad no puede ser una condena”, por lo que se comprometió a asumir la construcción de una nueva política para el continente: “Esa será mi misión, dar a la construcción europea una nueva dimensión. Y se lo diré cuanto antes a los socios europeos y a Alemania”.

El electorado francés confió en el programa progresista propuesto por Hollande. Un plan de gobierno asentado sobre la justicia social, priorizando la educación y el empleo. Sus bases se asientan a partir de 60 medidas que pretenden ajustarse a las necesidades de la Quinta República, dentro de las cuales asoman dos reformas de importantes dimensiones: la fiscal y la bancaria.

También es parte del nuevo plan el aumento de los impuestos para los ingresos que superen el millón de euros, alcanzando una suba del 75%. La aprobación de matrimonios homosexuales y la ley de eutanasia forman parte de la agenda del nuevo presidente.

A grandes rasgos, puntos centrales de la propuesta de gobierno serán:

-        Educación. Mediante la contratación, en cinco años, de a 60 mil profesionales de la educación, se pretende evitar los fracasos escolares y brindar calidad educativa

-        Empleo. Crear 150 mil “contratos de generación”. Aquellas empresas que empleen a menores de 30 años y mantengan en sus puestos a aquellos por encima de los 55 no pagarán las cotizaciones sociales durante 5 años.

-        Poder adquisitivo. El salario mínimo se actualizará cada año según indicadores del PIB.

-       Déficit público. Se pretende disminuir el déficit al 3% en 2013 y llevarlo al equilibrio en 2017.

-       Fiscalidad. Se anularán las exenciones fiscales a los ciudadanos más ricos para recuperar 29 mil millones de euros.

-        Derechos. Derecho de matrimonio y adopción para las parejas homosexuales. La ley de eutanasia.

-        Energía. Intención de reducir la cuota nuclear en la producción de electricidad, del 75% en la actualidad al 50% para el 2025.  

-       Inmigración. Quedará en manos del Parlamento definir el número de inmigrantes que necesita la economía francesa.

Este nuevo gobierno progresista viene acompañado con la profunda esperanza que brinda la propuesta de ejercer la tolerancia como pilar fundamental de todo crecimiento. Este nuevo líder europeo le da un aire freso y renovado a Francia y a Europa en general, en una coyuntura política, social y económica difícil de procesar. Cuando en muchos sitios la crisis propone la histórica enfermedad del surgimiento de derechas, en un lugar del Viejo Continente se vislumbra una luz y un pueblo que parece haber aprendido la lección.

 

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