Por Constanza Roncati
Hace diez años los norteamericanos no
pensaban que iban a tener que ser los protagonistas de una de las más grandes y
significantes tragedias del siglo veintiuno. ¿Quién iba a imaginarse que
semejante ataque tomaría lugar en tiempos de paz?
El 11 de septiembre llegó una vez más a la ciudad y
este año con un “extra something”: se cumple una década del atentado y, por
primera, vez con el autor intelectual, Osama Bin Laden, muerto por SEAL, el
grupo de elite del ejército norteamericano.
Aquel martes por la mañana marcó para siempre
al mundo y dio por iniciada, a puertas abiertas y a nivel global, “la guerra
contra el terrorismo” como la llamó el entonces presidente George W. Bush, dando
paso a las invasiones en Afganistán y luego en Irak.
Más 2700 personas perdieron la vida ese día y
muchas más se vieron perjudicadas al haber presenciado “el zarpazo del terror”
como tituló uno de los tantos diarios luego del violento golpe terrorista.
“Nos hizo tocar con la mano, estupefactos y
consternados, lo que creíamos imposible, porque instintivamente todos somos
ciegos conservadores, incapaces de imaginar que el mundo tal como lo conocemos
pueda cambiar.”, reflexionó Claudio Magris, académico y escritor italiano, en
el Corriere Della Sera.
Hannah Troobof, una neoyorquina capturada por
un video realizado por el New York Times en conmemoración de lo sucedido
cuenta: “Todos nuestros padres recuerdan el día en que asesinaron a JFK y creo
que por primera vez logro entender el impacto a largo plazo de un evento y el
poder de la memoria”.
Si bien Estados Unidos estaba claramente
constituido como potencia, su
hegemonía entró en jaque para dar lugar a una nueva etapa de vulnerabilidad
socio-política, rediseñando su lugar en el mapa mundial.
Diez años más tarde, lo acaecido aquella
fatídica mañana no se presenta con la claridad que debería y pocas cosas se han
mantenido constantes. Paradójicamente, aún no hay una versión definitiva y
contundente de la violencia vivida en Norteamérica, diseminada al instante, por los medios de comunicación al
resto del mundo. El análisis retrospectivo del 11S ha abierto básicamente dos
líneas de investigación e hipótesis tan firmes como contradictorias entre
ellas: la oficial; que el atentado fue perpetrado por el grupo terrorista
Al-Qaeda liderado por Osama Bin Laden. Y,
por otro lado, se han alzado voces y teorías que aseguran que fue una
maniobra de las más altas cúpulas hegemónicas occidentales quienes estuvieron
en la planificación y orquestación de los ataques.
La primera versión de lo sucedido explica que
Osama Bin Laden preparó 19 comandos sin antecedentes criminales para que luego,
de alguna manera todavía inexplicable, logren entrar al país y esquivar los
mecanismos de control aún cuando se investiga a su autor intelectual desde, por
lo menos, 1994. Se cree que Bin Laden había sido parte de algunos atentados en
Arabia Saudí contra intereses norteamericanos y, además, constituyó la red Al
Qaeda, relacionada en actos terroristas. 19 hombres árabes embarcaron en los
cuatro aviones, cinco en cada uno, excepto el vuelo 93 de United Airlines que
tuvo cuatro secuestradores. Lo demás es historia: a las 8:46 el vuelo 11 de
American impacta contra la Torre Norte del World Trade Center para dar por
iniciada una mañana fatídica, en donde finalmente cuatro aviones se estrellaron
llevando a cabo el mayor acto terrorista de lo que va del siglo.
Opuesta y contradictoria a la explicación
oficial, corren infinitas teorías conspirativas que afirman con pruebas contundentes
que un sector del gobierno norteamericano ya sabía lo que iba a suceder y no
hizo nada para detenerlo. Entre los múltiples cabos sin atar podemos destacar
hechos concretos.
La historia nos cuenta que los principales
agentes de política exterior durante la administración de George W. Bush
desarrollaron un plan a largo plazo para lograr la hegemonía militar a nivel
mundial, incluyendo una invasión a Medio Oriente, que se remonta a los tiempos
de Ford, Reagan y Bush Sr. Estos planes se reiteraron a fines de los ‘90 como
miembros del “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano” donde dejaron por sentado
la intención de invadir Iraq con el propósito de “realizar un cambio de
régimen”.
Muchos analistas internacionales dan cuenta
que con las grandes crisis económicas, Estados Unidos ha recurrido
sistemáticamente a situaciones bélicas debido al saldo positivo que deja la
construcción de armamentos. El 11S marca un salto del gasto público a la
guerra: biométrica, vigilancia universal, prisiones, defensa civil, seguridad.
“¿Por qué colapsó la Torre 7 si no fue
alcanzada por un avión? ¿Las Torres Gemelas y la Torre 7 fueron derrumbadas por
explosivos?” son aún preguntas sin responder. La forma en que se desvanecieron
las torres, perfectas en su eje, es una señal de implosión según reconocidos
arquitectos entrevistados por los medios a través del globo. Por lo tanto, es
necesario que se hayan puesto bombas en el interior y cimientos de los
edificios para lograrlo.
Morgan Reynolds, un ex consejero económico de
la primera administración de George W. Bush dijo en un artículo del 13 de junio
de 2005 del Washington Times: “es imposible negar la existencia del debate
científico alrededor de las causas reales del desplome de las Torres Gemelas y
de la Torre 7. La tesis oficial se contradice. Únicamente una demolición
profesional, controlada, puede explicar todos los elementos probados en la
investigación sobre el desplome de los tres edificios.”
Todo aquél que haya visto la BBC en vivo en
el momento de los ataques recuerda como la periodista Jane Standley anuncia con
20 minutos de anticipación el desplome de la Torre 7.
Es difícil tomar una posición entre estos dos
planteos, cada uno encontrará la que mejor se adecue con su propia lógica.
Todo sucedió delante de sus narices ¿y nadie
pudo percibirlo?: ¿que de cierto encontramos en estas explicaciones? ¿La
repetición infinita de la mentira la convierte en realidad?
El pasado domingo no solo ciudadanos y
familiares estuvieron presentes en el décimo aniversario del atentado a las Torres
Gemelas sino que turistas de todo el mundo agitaban banderas mostrando su apoyo
a las víctimas y sus allegados. Policías en cada esquina, barreras bloqueando
calles, gente yendo y viniendo caracterizaron a una dolorosa pero apasionada
mañana de domingo en el Ground Zero.
A partir del impacto del segundo avión en el
World Trade Center y al pasar los días en donde los escombros, la ceniza y el
dolor fueron protagonistas, se instaló el “9/11 State of Mind”: un antes y un
después en la historia mundial.






